Los niños de pequeños son totalmente mindful: están atentos y presentes en el aquí y ahora, explorando naturalmente las cosas a través de todos sus sentidos. Sin embargo, a medida que crecen, a partir de los 5 o 6 años, van formando juicios y opiniones y se van modelando de acuerdo con nuestro estilo de vida y el mundo acelerado en el que vivimos. Así que, poco a poco, van dejando de utilizar su valiosa predisposición al mindfulness. Aprenden a anticipar las cosas y sufren con sus mentes inquietas, llenas de pensamientos, preocupaciones y miedos.

A menudo, ellos también están muy ocupados y atareados, el “botón de encendido” funciona, pero ¿dónde está el “botón de pausa”? No se suele enseñar a los niños en el colegio cómo calmarse, ni cómo estar más atento. A pesar de ello, se les pide frecuentemente que tengan mucha atención en las clases. Todo eso requiere práctica, es como un entrenamiento de algún deporte o de un instrumento. Decimos que la atención es como un músculo que hay que entrenar para que funcione bien y que además es compañera de la memoria. Por eso, si trabajamos bien estas funciones cognitivas ¡podremos aprender más y mejor! 

Así que hay que ayudarles a cultivar este valor. No hace falta decir que podrán aprender a cultivarlo de nuevo cuando sean adultos, pero parece más lógico ayudarles a preservar este mérito maravilloso que tienen desde pequeños para que puedan disfrutar de sus beneficios:

  • Mejorar la atención y la memoria, consecuentemente el aprendizaje

  • Generar tranquilidad en la mente y en el cuerpo

  • Reducir el comportamiento impulsivo y ayudar a regular mejor las emociones

  • Aumentar la autoconfianza

  • Disminuir los pensamientos negativos y las preocupaciones

  • Favorecer la relajación y el sueño 

  • Minimizar el miedo y las quejas

  • Desarrollar la capacidad de ser amable consigo mismo y con los demás 

  • Reducir la ansiedad y el comportamiento reactivo ante el estrés

  • Fomentar estrategias más efectivas de comunicación

    Taller de Mindfullness